
Fundada por atenienses, dominada durante siglos por jonios, persas, espartanos, romanos y árabes, dicen los historiadores que Éfeso es la primera ciudad del mundo.
Fascinado por su historia, quise visitar sus ruinas en mayo, y fue en tierras de Éfeso, donde más miedo pasé.
Estuve en la Iglesia de San Juan, la casita de María y Odeón. El último día visité la Biblioteca de Celsus. Ya allí, todo y estar rodeado de turistas, quise abstraerme e intentar imaginar a los jonios haciendo su vida por las calles Éfeso, pero de pronto me vinieron otras imágenes que no podía controlar. Casas ardiendo, ejercitos invasores matando mujeres y niños, saqueadores despiadados y una niña arrodillada en el suelo, sollozando ante su madre muerta. La niña me tendió la mano y al ir a tomársela, un soldado espartano la degolló.
Grité y los turistas me miraron con la indiferencia que se le presta a los locos.
Pero no estoy loco, lo viví todo.




