ASÓMATE SIN MIEDO



ASÓMATE SIN MIEDO:

Te regalo mi sonrisa, te ofrezco mi imaginación y pongo a disposición toda mi fantasía. ¿Crees en la magia? ¿Necesitas sentirte bien? ¿Necesitas unas gotitas de optimismo? Has llegado a tu refugio, prometo evadirte y tatuarte una sonrisa. A través de esta ventana el aire siempre será fresco y por ella podrás entrar y salir. ¿Te atreves?

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3/2/10

LAS LÁGRIMAS DE ÉFESO



Fundada por atenienses, dominada durante siglos por jonios, persas, espartanos, romanos y árabes, dicen los historiadores que Éfeso es la primera ciudad del mundo.

Fascinado por su historia, quise visitar sus ruinas en mayo, y fue en tierras de Éfeso, donde más miedo pasé.

Estuve en la Iglesia de San Juan, la casita de María y Odeón. El último día visité la Biblioteca de Celsus. Ya allí, todo y estar rodeado de turistas, quise abstraerme e intentar imaginar a los jonios haciendo su vida por las calles Éfeso, pero de pronto me vinieron otras imágenes que no podía controlar. Casas ardiendo, ejercitos invasores matando mujeres y niños, saqueadores despiadados y una niña arrodillada en el suelo, sollozando ante su madre muerta. La niña me tendió la mano y al ir a tomársela, un soldado espartano la degolló.

Grité y los turistas me miraron con la indiferencia que se le presta a los locos.

Pero no estoy loco, lo viví todo.

LA MALDICIÓN GITANA



Se conoce que los gitanos son originarios de Egipto y de su naturaleza de "egipcianos" la deformación léxica, poco a poco los convirtió en "gitanos".

Proncio era uno de los miles de gitanos que debían cumplir con la pragmática dada por los Reyes Católicos por la que debían abandonar el Reyno. Nuestro protagonista fue apresado por la Guardia Real en las afueras de Segovia y fue torturado en una mazmorra durante tres días antes de morir.

Durante ese tiempo, le amputaron uñas, le quemaron el pelo y le tensaron los brazos hasta desgarrárselos por las axilas ante su negativa de reconocer su condición gitana.

A las cuatro de la tarde del último día, su ensangrentada boca balbuceaba sus últimas palabras: -Que los mengués tomen vuestras almas y purguéis por esto.-

Al sexto día, del sexto mes del sexto año después de su muerte, los torturadores de Proncio cogieron fiebres, tuvieron convulsiones y sufrieron alucinaciones hasta morir de cruel locura.

LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES



Tía Ágata había citado a todos sus sobrinos a asistir a la lectura de su testamento. Jamás la quisieron, más bien la odiaban, y ahora resultaba que todos se llevarían una parte de la fortuna.

Ahí estábamos los seis primos, entorno a la mesa del comedor. El notario apareció por la puerta portando una bandeja con una botella de cava y seis copas.

•- Señoras..., señores..., mi clienta insistió que antes de proceder a la lectura del testamento bebieran una copa a su salud, suponiendo que algunos de ustedes celebrarían su muerte. -

El mayordomo sirvió las seis copas, al tiempo que el notario empezaba a leer las últimas voluntades.

¡Me lo había dejado todo a mí! Entonces, ¿Por qué los citó?

Atónita, descubrí que todos mis primos estaban muertos.

La investigación reveló que Tía Ágata había inyectado cianuro a través del corcho del tapón. Los había matado a todos una vez muerta.

¡Qué lista fue, sabía que yo era abstemia!

21/1/10

EL INTRUSO II

No entendí la decisión del juez de denegar la orden registro. Sabía que un policía en un domicilio ajeno era una grave infracción de la ley, pero sabía que si no encontraba pruebas esa misma noche, se me escaparía el mayor estafador del país. Esperé unos veinte minutos a que se apagara la luz de su ventana y entonces subí a su apartamento. Forcé la puerta y entré sin apenas hacer ruido. La puerta hizo un ligero chirriar pero creí que no había alertado al inquilino de la casa. Abrí los cajones cautelosamente y busqué los comprobantes bancarios de su cuenta en Suiza. Noté un golpe seco en la sien y perdí el conocimiento. Desconozco el tiempo que estuve inconsciente, sé que desperté de mi letargo enrollado en varias mantas e inmovilizado de pies y brazos por unas ataduras exteriores. Grité con todas mis fuerzas, pero fue inútil, palas de tierra iban cubriendo mi fosa irremediablemente. Me enterraron en vida.

EL INTRUSO

Apenas llevaba en la cama veinte minutos y parecía estar conciliando el sueño cuando escuché que la puerta de casa se abría. El chirriar característico de la puerta indicaba que alguien profanaba mi hogar.
Salí de puntillas al pasillo y con sigilo, fui hasta el comedor. Allí había un hombre que estaba hurgando entre mis cajones.
Cogí un cenicero de pié por su mástil y le golpeé por la espalda. El intruso cayó fulminado, sin un grito, sin una queja, sin espasmo alguno...
Examiné el cuerpo y éste carecía de pulso. En la zona parietal, una única incisión provocada por los ornamentos del cenicero.
Enrollé el cadáver con varias mantas, lo bajé en ascensor hasta el garaje y lo introduje en el maletero.
Recorrí cerca de trescientos kilómetros hasta llegar a un bosque. Cavé varios metros y lancé el fardo a su interior.
De repente, oí gemidos, el intruso no estaba muerto. Dudé un instante, pero acabé enterrándolo en vida.

LA PARTIDA DE DADOS


Maldigo el momento en que entré en la trastienda de ése bar, maldigo el momento en que acepté jugar, aquí, desde la azotea desde donde me voy a arrojar al vacío. Oí risas que venían de la trastienda del local y no pude evitar asomar la cabeza. Había dos tipos, uno alto, de tez pálida y ojos amarillentos, y otro bajito, regordete y de aspecto burlón. El primero me invitó a entrar y me propuso un juego. Solamente tenía que tirar un dado tres veces, si salía del uno al cinco me daría mil dólares en cada tirada pero si salía un seis caería sobre mí una maldición. Pensé que tenía muchas posibilidades de ganar por lo que acepté el trato. Salí del local con dos mil dólares y una maldición. En un año perdí el trabajo, mi mujer me abandonó y mis padres fallecieron. Hoy me he derrumbado. ¡No puedo más!

EL ORNAMENTISTA DE ZONI


Atanagildo era uno de los miles de esclavos godos que construyeron la antigua Constantinopla. Trabajaba en la construcción de unos baños turcos en la ciudad de Zoni, ornamentando el techo cuando las tablas encordadas que le hacían de andamio cedieron, precipitándose hasta caer al interior de un recóndito espacio oscuro.
Estuvo inconsciente durante horas, hasta que el dolor de sus magulladuras le volvió en sí.
Pasaron varios días y nadie atendía a sus gritos y súplicas, hasta que al tercer día escuchó voces lejanas, y entonces gritó hasta la extenuación pero fue inútil, nadie le escuchó.
De repente alguien tiró un cubo de agua al interior, y al momento otro, y luego otro. Ahora sabía donde estaba, había caído dentro del pozo que repartiría las aguas a las diferentes zonas de baño.
En pocos minutos el agua ya le sobrepasaba la cabeza. Intentó flotar, partió sus uñas en las paredes del pozo pero de nada sirvió.
Atanagildo nunca fue encontrado.

EL SECRETO DE TARQUINIUS

Nunca pensé que la prospección arqueológica que nos encontraron en la Toscana, a orillas del Po fuera tan fructífera.
Encontramos restos de un ejercito etrusco, entre ellos, un gran hallazgo, el esqueleto de Tarquinius, uno de los líderes que luchó por Lazio contra los romanos. Junto a él, un rollo de lino con varias inscripciones.
Lo mandé a mi amigo Papayutis, una de las pocas personas capacitadas en descifrar el etrusco.
Habían pasado varias semanas sin noticias de Papayutis, ni cogía el teléfono ni contestaba mis correos, hecho que encontré extraño, por lo que decidí ir a su casa de Malis.
Llamé a la puerta varias veces, sin que nadie abriera, cuando aprecié un horrible hedor que venía de la casa.
Derribé la puerta y encontré su cadáver en el suelo y en su mano el rollo de lino.
Hurgué en sus notas para encontrar una explicación y entonces pude leer "Abandonad Tirreno, las fiebres nos están matando a todos".

1932



Iba a Cuenca para pasar las navidades con mi familia. Llegué a la Estación del Norte para coger el tren que me llevara pero aún faltaban cinco horas para su salida, por lo que eché una cabezadita en un banco de la estación.
Al despertar, mi entorno había cambiado, como de otra época. Las vestimentas y decorados parecían de principio de siglo. Miré un periódico que había al lado y estupefacto comprobé que era del 22 de diciembre de 1932.
Alterado, me levanté y bajé a las vías, cuando observé como un hombre recogía de la vía su paraguas sin apreciar que tras él se acercaba un tren a gran velocidad. De un empujón lo saqué de la vía pero no pude evitar que el tren me arrollara.
Desperté angustiado, había sido una pesadilla.
Ya en Cuenca, mi abuelo, contando anécdotas de juventud nos explicó que fue salvado en 1932 de ser atropellado por un tren por un hombre misterioso.

EL CIEGO

El viejo ciego regresaba hacia su casa, sorteando las vallas de las obras del barrio. El viento, la lluvia y los innumerables obstáculos le estaban agobiando.

Finalmente llegó a casa, tembloroso, empapado y enojado por su suerte sacó la llave y ésta cayó. Se agarró a la maneta de la puerta para agacharse a recoger la llave y la puerta se abrió. Entró en casa con el miedo en el cuerpo, aturdido, sin poder observar su entorno.

Oyó un cristal que se rompía y otro fuerte estruendo de cristales rotos.

¿Quién hay? ¡Soy ciego, no me haga daño!


Al otro lado de la estancia la escena había sido diferente. Braulio estaba de pié, tomando café, cuando por la puerta apareció un hombre con sombrero y gafas oscuras, con una gabardina oscura y blandiendo un bastón. Su corazón estalló, la taza cayó al suelo y se desplomó muerto sobre la mesita de cristal.


Obviamente, el ciego se había equivocado de casa.

EL NUMERÓLOGO


Desde mi ataúd reflexiono sobre los últimos acontecimientos de estos dos últimos días. ¿Casualidad o destino? ¿Naturaleza o sugestión?

Era un sábado sin fútbol, me encontraba aburrido, haciendo zapping delante del televisor. Aún no sé por qué, me quedé viendo un sortero de lotería primitiva.

15 - 23 - 6 - 20 - 22 - 18. Complementarios 4 y 6.

Cerré el televisor, el aburrimiento invitaba a acostarme. Me dormí al instante.

Sobre las cuatro me desperté para satisfacer los deseos de mi vejiga y al volver a acostarme me vino a la cabeza la combinación de la primitiva. Siempre me había gustado la numerología y solía jugar para mi mismo.

Así que jugué 15=M, 23=U, 6=E, 20=R, 22=T, 18=O.

Abrí los ojos alterado. ¿Qué maldita casualidad era ésa? ¿Y el 4 y el 6?

4=CH 6=E. ¿Qué quiere decir CHE?

Soplé aliviado, solo había sido una casualidad, miré el reloj, las 4:06. Abrí los ojos y mi corazón explotó.