
Tía Ágata había citado a todos sus sobrinos a asistir a la lectura de su testamento. Jamás la quisieron, más bien la odiaban, y ahora resultaba que todos se llevarían una parte de la fortuna.
Ahí estábamos los seis primos, entorno a la mesa del comedor. El notario apareció por la puerta portando una bandeja con una botella de cava y seis copas.
•- Señoras..., señores..., mi clienta insistió que antes de proceder a la lectura del testamento bebieran una copa a su salud, suponiendo que algunos de ustedes celebrarían su muerte. -
El mayordomo sirvió las seis copas, al tiempo que el notario empezaba a leer las últimas voluntades.
¡Me lo había dejado todo a mí! Entonces, ¿Por qué los citó?
Atónita, descubrí que todos mis primos estaban muertos.
La investigación reveló que Tía Ágata había inyectado cianuro a través del corcho del tapón. Los había matado a todos una vez muerta.
¡Qué lista fue, sabía que yo era abstemia!
Un estilo muy similar al de Agatha Christie. Debe tener su dificultad hacerlo en tan pocas palabras.
ResponderEliminarUn saludo
Julio C.D. (Zaragoza)
¡Qué banda sonora tan preciosa para una historia tan original!
ResponderEliminarMe gusta mucho la música que acompañas en todos tus relatos.
Alexia G.
Muchas gracias a los dos por dedicarme unos minutos.
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