Entrevista en el PAIS.COM a Juan Moro.
Todos podemos tener nuestra oportunidad de publicar un libro...
http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/Internet/gran/puerta/escritor/novel/elpepuesppvs/20060204elpvas_17/Tes
ASÓMATE SIN MIEDO
ASÓMATE SIN MIEDO:
23/1/10
BLANQUEANTE DENTAL CASERO
Para poder blanquear los dientes con un remedio casero y muy eficaz, prepara en un bol medio limón exprimido con una cucharada de sal. Frótate los dientes con tu cepillo habitual y recuperaran el deseado color blanco.
Otro truco es empapar un chicle con limón exprimido y media cucharada sopera de bicarbonato. Haces una plasta y la pegas a tus dientes durante 20 minutos.
Otro truco es empapar un chicle con limón exprimido y media cucharada sopera de bicarbonato. Haces una plasta y la pegas a tus dientes durante 20 minutos.
LIMPIAR LA SUELA DE LA PLANCHA
Con el paso del tiempo, la suela de nuestra plancha va acumulando restos de suciedad. Ésta suciedad al mezclarse con el vapor puede ensuciarnos la ropa y evitan el deslizamiento adecuado de la plancha.
Un truco muy sencillo y rápido para tenerla siempre limpia y a punto para usar, es pasarle lana de acero del número 00. Cuando haya desaparecido toda la suciedad, impregnas un pequeño trapo o bola de algodón con un poco de alcohol 96 y te quedará brillante y suave.
Un truco muy sencillo y rápido para tenerla siempre limpia y a punto para usar, es pasarle lana de acero del número 00. Cuando haya desaparecido toda la suciedad, impregnas un pequeño trapo o bola de algodón con un poco de alcohol 96 y te quedará brillante y suave.
21/1/10
EL INTRUSO II
No entendí la decisión del juez de denegar la orden registro. Sabía que un policía en un domicilio ajeno era una grave infracción de la ley, pero sabía que si no encontraba pruebas esa misma noche, se me escaparía el mayor estafador del país. Esperé unos veinte minutos a que se apagara la luz de su ventana y entonces subí a su apartamento. Forcé la puerta y entré sin apenas hacer ruido. La puerta hizo un ligero chirriar pero creí que no había alertado al inquilino de la casa. Abrí los cajones cautelosamente y busqué los comprobantes bancarios de su cuenta en Suiza. Noté un golpe seco en la sien y perdí el conocimiento. Desconozco el tiempo que estuve inconsciente, sé que desperté de mi letargo enrollado en varias mantas e inmovilizado de pies y brazos por unas ataduras exteriores. Grité con todas mis fuerzas, pero fue inútil, palas de tierra iban cubriendo mi fosa irremediablemente. Me enterraron en vida.
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EL INTRUSO
Apenas llevaba en la cama veinte minutos y parecía estar conciliando el sueño cuando escuché que la puerta de casa se abría. El chirriar característico de la puerta indicaba que alguien profanaba mi hogar.
Salí de puntillas al pasillo y con sigilo, fui hasta el comedor. Allí había un hombre que estaba hurgando entre mis cajones.
Cogí un cenicero de pié por su mástil y le golpeé por la espalda. El intruso cayó fulminado, sin un grito, sin una queja, sin espasmo alguno...
Examiné el cuerpo y éste carecía de pulso. En la zona parietal, una única incisión provocada por los ornamentos del cenicero.
Enrollé el cadáver con varias mantas, lo bajé en ascensor hasta el garaje y lo introduje en el maletero.
Recorrí cerca de trescientos kilómetros hasta llegar a un bosque. Cavé varios metros y lancé el fardo a su interior.
De repente, oí gemidos, el intruso no estaba muerto. Dudé un instante, pero acabé enterrándolo en vida.
Salí de puntillas al pasillo y con sigilo, fui hasta el comedor. Allí había un hombre que estaba hurgando entre mis cajones.
Cogí un cenicero de pié por su mástil y le golpeé por la espalda. El intruso cayó fulminado, sin un grito, sin una queja, sin espasmo alguno...
Examiné el cuerpo y éste carecía de pulso. En la zona parietal, una única incisión provocada por los ornamentos del cenicero.
Enrollé el cadáver con varias mantas, lo bajé en ascensor hasta el garaje y lo introduje en el maletero.
Recorrí cerca de trescientos kilómetros hasta llegar a un bosque. Cavé varios metros y lancé el fardo a su interior.
De repente, oí gemidos, el intruso no estaba muerto. Dudé un instante, pero acabé enterrándolo en vida.
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LA PARTIDA DE DADOS

Maldigo el momento en que entré en la trastienda de ése bar, maldigo el momento en que acepté jugar, aquí, desde la azotea desde donde me voy a arrojar al vacío. Oí risas que venían de la trastienda del local y no pude evitar asomar la cabeza. Había dos tipos, uno alto, de tez pálida y ojos amarillentos, y otro bajito, regordete y de aspecto burlón. El primero me invitó a entrar y me propuso un juego. Solamente tenía que tirar un dado tres veces, si salía del uno al cinco me daría mil dólares en cada tirada pero si salía un seis caería sobre mí una maldición. Pensé que tenía muchas posibilidades de ganar por lo que acepté el trato. Salí del local con dos mil dólares y una maldición. En un año perdí el trabajo, mi mujer me abandonó y mis padres fallecieron. Hoy me he derrumbado. ¡No puedo más!
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