
Desde el otro lado del bar, noté la mirada penetrante de un extraño. Giré la cabeza con la inquietud de quien se siente observada y allí estaba él, de pie, en una esquina, como invisible al resto de la gente. Vestía con ropas de otra época, con porte noble y caballeresco y su inquietante rostro escondía una mirada fatalmente seductora.
Mis ojos se clavaron en los suyos y me hipnotizaron sobremanera. Inconscientemente, no pude evitar acercarme a él, hasta detenerme frente él. Levantó una mano y recorrió mi cara, apenas rozándola levemente en movimientos circulares. No podía racionalizar, mi entrega absoluta a ese ser, quien me cautivaba con su mirada hasta el punto de necesitar ser su esclava, de entregarle mi corazón, mi sexo, mi vida y mi alma.
Reposó mi mano en mi espalda y en una rápida sacudida, mi cabeza cedió, cayendo hacia atrás. Me mordió la yugular, removiendo de placer todas mis entrañas, tomándome para siempre.
Mis ojos se clavaron en los suyos y me hipnotizaron sobremanera. Inconscientemente, no pude evitar acercarme a él, hasta detenerme frente él. Levantó una mano y recorrió mi cara, apenas rozándola levemente en movimientos circulares. No podía racionalizar, mi entrega absoluta a ese ser, quien me cautivaba con su mirada hasta el punto de necesitar ser su esclava, de entregarle mi corazón, mi sexo, mi vida y mi alma.
Reposó mi mano en mi espalda y en una rápida sacudida, mi cabeza cedió, cayendo hacia atrás. Me mordió la yugular, removiendo de placer todas mis entrañas, tomándome para siempre.



